Las historias de ese sabor inconfunidible se remontan al siglo XVI, con hornos a leña tradicionales que, en muchos casos siguen activos. Publica Belén Araujo Rodríguez que “El horno de leña fue durante siglos una pieza central en la vida rural gallega: no solo servía para cocer el pan —hogazas, tortas y empanadas— sino que constituía un espacio comunitario donde se entrelazaban economía doméstica, intercambio social y saberes tradicionales”. Así como ocurría en los molinos de piedra, donde se hacía vida mientras la muela hacía del trigo harina, también el uso del horno era cita, un hecho cultural, ocasión de verse y reconocerse. En los hornos comunales o comunitarios de cada parroquia, cada familia se turnaba para llevar sus preparaciones; entre todos se aportaba para la mantención del horno, una tarea compartida. De hecho, Galicia cuenta con el segundo horno panadero más antiguo de España: El de la Panadería Rabizas , con un horno de piedra de cantería y combus...
El molete carballés tiene la personalidad que le imprimen sus características propias y la mano que lo amasa. Una tradición, que se va armando de voces, de hábitos que pasan de generación en generación y de historias. Hay muchos testimonios, que hablan, sí, de la historia, pero para quien viene de fuera, su primer contacto es con el sabor. De esta historia nos cuenta el jefe de confitería Arsilia , establecimiento de larga trayectoria con hornos de donde salen productos geniales, empanadas (con diferentes rellenos) con sabor casero, bollerías, tartas y pasteles, un pan de ovo que es como una nube y un sinfín de confiterías, que, más que hechos, parecen mimados, pues cada uno exhibe el sabor correcto, el punto justo, un resultado cuidado que muchas veces nos puede llevar de regreso a la infancia. Dice Sergio, quien está al mando de los hornos de Arsilia, sobre el Molete de Carballo no solo se caracteriza por su sabor: “O sabor é a conservación. Conservase moito mellor, par...