El molete carballés tiene la personalidad que le imprimen sus características propias y la mano que lo amasa. Una tradición, que se va armando de voces, de hábitos que pasan de generación en generación y de historias. Hay muchos testimonios, que hablan, sí, de la historia, pero para quien viene de fuera, su primer contacto es con el sabor. De esta historia nos cuenta el jefe de confitería Arsilia , establecimiento de larga trayectoria con hornos de donde salen productos geniales, empanadas (con diferentes rellenos) con sabor casero, bollerías, tartas y pasteles, un pan de ovo que es como una nube y un sinfín de confiterías, que, más que hechos, parecen mimados, pues cada uno exhibe el sabor correcto, el punto justo, un resultado cuidado que muchas veces nos puede llevar de regreso a la infancia. Dice Sergio, quien está al mando de los hornos de Arsilia, sobre el Molete de Carballo no solo se caracteriza por su sabor: “O sabor é a conservación. Conservase moito mellor, par...
No, no es la receta para hacerse millonario, pero sí para digerir qué es lo que hace al pan carballés único en su tipo; es su proporción de Fariña do país, que es el nombre con el cual se conoce el trigo autóctono gallego. Este es el trigo crece en los campos gallegos, que tiene sus propias características, algo que lo diferencia del trigo comercial de alto rendimiento. Según Edu Lavandeira, “Debido al uso de esta harina, muchas masas y pasteles gallegos se denominan "do país": barras do país, rosca do país, bola do país... etc. Es una forma popular de referirse a las masas de aquí, nuestras, típicamente gallegas, que utilizan harina gallega o "fariña do país" y que no existe en ningún otro lugar. Cuando hablamos de trigo gallego, nos referimos al autóctono, es decir, a las plantas que se han sembrado, cultivado y cultivado en tierras gallegas durante siglos. No las variedades traídas de fuera y que ahora se cultivan aquí”. Expone en su libro, Pan Galego, escrito...