Las historias de ese sabor inconfunidible se remontan al siglo XVI, con hornos a leña tradicionales que, en muchos casos siguen activos. Publica Belén Araujo Rodríguez que “El horno de leña fue durante siglos una pieza central en la vida rural gallega: no solo servía para cocer el pan —hogazas, tortas y empanadas— sino que constituía un espacio comunitario donde se entrelazaban economía doméstica, intercambio social y saberes tradicionales”. Así como ocurría en los molinos de piedra, donde se hacía vida mientras la muela hacía del trigo harina, también el uso del horno era cita, un hecho cultural, ocasión de verse y reconocerse. En los hornos comunales o comunitarios de cada parroquia, cada familia se turnaba para llevar sus preparaciones; entre todos se aportaba para la mantención del horno, una tarea compartida. De hecho, Galicia cuenta con el segundo horno panadero más antiguo de España: El de la Panadería Rabizas , con un horno de piedra de cantería y combus...